Susana Hernández y Maribel Ortíz en l’Obrador d’històries. Al fondo, Mireia Broca.

Una tarde de febrero lluviosa y gris, ideal para hablar y aprender más sobre la personalidad de asesinos reales (sean estos sociópatas, psicópatas o ninguna de las dos cosas), y transformarlos en asesinos de ficción verosímiles, contradictorios y sumamente inquietantes. Criminología y literatura, realidad y ficción se dieron la mano en el Monográfic: criminología per a escriptors, impartido por la escritora Susana Hernández y la criminóloga Maribel Ortiz en l’Obrador d’històries, de Barcelona.

Mucho han aprendido los aspirantes a escritores en este extraordinario monográfico. De entrada, Maribel Ortiz aclaró que “el criminólogo estudia la conducta desviada si hay un delito, y no tiene nada que ver con el detective que se dedica a la investigación privada (excluyendo los delitos de sangre) aunque para ejercer en España antes debe estudiar una carrera de tres años”. Susana Hernández destacó la importancia de la confección de perfiles criminales en el seno de los cuerpos policiales. “La Policía Nacional creó en 2010 la Sección de Análisis de Conducta (SAC) formada por cinco miembros: dos psicólogos, dos criminólogos y un experto en estadística. Se trata de estudiar la mente criminal mediante la pauta VERA (Víctima, Escena del crimen, Reconstrucción de los hechos y Autor) para elaborar un perfil individual del delincuente y evitar futuros casos”, explicó. Por su parte, los Mossos d’Esquadra cuentan con el Grupo de Análisis de la Conducta Criminal (GAC) desde 2015 formado por dos miembros (uno de ellos el Mosso d’Esquadra y escritor Francesc Xavier Álvarez Llaberia, autor de No abandonis quan el rastre és calent). Poco después de su creación, el GAC investigó un caso de agresión sexual en el Metro de Barcelona, dedujeron que el autor era un jubilado y contribuyeron así a su identificación y detención.

Los asistentes al Monogràfic: criminología per a escriptors.

Todavía inmersos en la realidad, Maribel Ortiz explicó cómo los cuerpos de las víctimas “hablan” y cuentan muchos detalles sobre su muerte a los investigadores policiales. “La escena del crimen reúne a la policía judicial, los técnicos de la policía científica, el médico forense, el secretario judicial y el juez, que es quien finalmente autoriza el levantamiento del cadáver”. En cuanto a asesinos en serie reales y escalofriantes destacaron a Ed Gein (1906-1984) asesino y profanador de tumbas estadounidense que utilizaba la piel y huesos de sus víctimas para confeccionar diferentes objetos de uso doméstico, y a Ted Bundy (1946-1989), un psicópata y asesino confeso de 36 mujeres en los años setenta, todas jóvenes que le recordaban a la novia que rompió su relación con él. “Un asesino en serie es aquel que mata a tres o más personas en un periodo de tiempo concreto, que puede aparentar normalidad y no empatiza con sus víctimas, es manipulador, procede normalmente de entornos poco afectuosos o familias desestructuradas y elige a víctimas vulnerables, normalmente mujeres, pues el agresor suele ser hombre”, explicaron.

Y en cuanto a los asesinos de ficción de la literatura y el cine negro, basados muchas veces en casos reales, Susana Hernández resaltó en primer lugar la película M, un asesino entre nosotros (1931), de Fritz Lang, inspirada en Peter Kürten (1883-1931), un criminal que mató a varios niños en la ciudad de Düsseldorf. Jim Thompson (1906-1977), uno de los grandes maestros de la novela negra norteamericana, creó un asesino múltiple con apariencia de hombre tranquilo y dialogante en El asesino dentro de mí, publicada en 1952. Tom Ripley, el arribista nacido de la pluma de Patricia Highsmith, protagonizó cinco novelas entre 1955 y 1991. Ripley no mata por placer “pero es capaz de hacer lo que sea cuando conviene y si tiene que asesinar a alguien lo hace, sin problemas”.

Norman Bates, el inquietante asesino de Psicosis (1960), es otro psicópata de ficción inolvidable. Como en tantas ocasiones, el film está basado en una obra literaria, Psyco, de Robert Bloch, publicada en 1959. Y en la saga de películas que nos presentan a escalofriantes asesinos en serie también incluimos La naranja mecánica (1971), de Stanley Kubrick, El silencio de los corderos (1991) dirigida por Jonathan Demme, y American Psycho (2000), protagonizada por Christian Bale. La primera, basada en la novela homónima del escritor británico Anthony Burgess, nos cuenta las “aventuras delictivas” de un grupo de adolescentes liderados por Alex DeLarge, un joven de diecisiete años fascinado por la violencia extrema. El silencio de los corderos, basada en una novela de misterio y terror de Thomas Harris, cuenta con un protagonista de excepción, el Dr. Hannibal Lecter, un psiquiatra forense caníbal. Patrick Bateman, psicópata creado por Bret Easton Ellis y protagonista de American Psycho, es el prototipo de yuppie de los años 80-90. Muy preocupado por su apariencia física y ejecutivo de éxito, no duda en asesinar y torturar simplemente para desfogarse y matar el aburrimiento.

¿Cómo se construye un asesino literario? Los motivos para matar pueden ser muchos y variados: venganza, dinero, pasión, supervivencia, celos, ambición, miedo, placer… Para Susana Hernández, autora de la serie de las subinspectoras Santana y Vázquez (Curvas peligrosas, Contra las cuerdas y Cuentas pendientes) entre otras obras, se trata de imaginar un personaje que no sea tópico, sin exageraciones, ni bueno ni malo, contradictorio y ambiguo. A su alrededor deberá emerger un conflicto potente, sea de personaje contra personaje, de personaje contra sí mismo o de personaje contra la sociedad… En definitiva, nada fácil, pero vale la pena intentarlo.

¿Os animáis a continuar?

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