Angelique Pfitzner, autora de «Los niños del éxodo«.

Angelique Pfitzner nació en Munich (Alemania) en 1969, hija de padre alemán y madre española. Comisaria del festival de género negro Lloret Negre, es juez literario, miembro de la junta de Lee o Muere, Asociación de escritores. Miembro Festival de Novela Negra  Matarranya Negra, del Black Mountain Bossost, Madrid Negro y Bellvei Negre. Lectora voraz desde la infancia, empezó a escribir a una edad muy temprana y participó en diversos concursos literarios durante su formación académica. Estudió Farmacia y Publicidad y trabaja en un laboratorio farmacéutico. Actualmente,  estudia Piano y Solfeo. En 2011, debuta en la literatura negra con Compulsiva obsesión. La novela ganó el III Certamen Literario La Isla De Las Letras 2012 en la categoría de Mejor Novela Policíaca. Posteriormente, participa en varias antologías de relatos y obtiene premios y reconocimientos literarios en poesía. En abril de 2015, publica su segunda novela negra, ELDHA, caso cerrado. Además, fue directora del programa de radio semanal “Una hora con Angelique” durante dos años y del programa de Literatura Negra “Lee o Muere” en NewsCat TV. En 2016, colabora con un relato “Los crisantemos” en la Antología Relatos de la Orilla Negra y publica Big Bang 13, con trece relatos negros enteramente suyos. También colabora en Solo Novela Negra. A finales de 2018, publica Los niños del éxodo, una novela negra que nos muestra lo peor de la condición humana.

Con Los niños del éxodo, reflejas el drama de los refugiados que huyen de guerras, hambre y miseria y das un nuevo giro a tu obra literaria. ¿Por qué escribir una novela sobre este tema? ¿Hubo algún detonante?

Para mí escribir es libertad absoluta. Volcar la realidad gracias al poder de la literatura y de unos personajes irreales, situaciones de extrema necesidad, voces anónimas que no pueden gritar. Necesitaba escribir sobre la crisis de los refugiados, esperanzas rotas, vidas que nadie reclamará, nombres sin rostro, sin identificar. Necesitaba escribir sobre la vulnerabilidad de los derechos humanos, la fragilidad de los niños, el mercado de tráfico de órganos. Necesitaba dejar constancia de segundos, minutos, horas, días y meses de personas como nosotros que permanecen varadas en fronteras sin derecho a una vida. Contemplar cinco minutos de noticias en un telediario, la muerte de un niño que llegó a las costas de Turquía y la manipulación social de los gobiernos fueron los detonantes para una investigación durante dos años y escribir esta novela.

Presentación de «Los niños del éxodo«, de Angelique Pfitzner, en la librería Alibri, de Barcelona, con José Vaccaro y Amalia Sanchís.

¿Cómo se gestó la novela? ¿Fue laborioso el proceso de documentación? Cuéntanos cómo lo hiciste.

Dos años de investigación, búsqueda, entrevistas y conocer la vida de testimonios que consiguieron una oportunidad. Familias que hoy pueden disfrutar de sus hijos, de un presente y un futuro lleno de sonrisas en vez de lágrimas. La novela se gestó desde la imagen de Aylan Kurdi, el niño que llegó muerto a las costas de Turquía y que dio la vuelta al mundo. Un cuerpo que devolvió el mar, cuando jamás ningún cadáver llega del mar con zapatos y contra sentido de las olas. Un proceso laborioso de recopilación, informaciones acerca de desapariciones, caldo de cultivo de mafias, personas numeradas como propiedad y mercancía. Nadie reclamará sus vidas porque no existen. Un negocio brutal para proxenetas, tráfico de niños, negocio de órganos. Una búsqueda exhaustiva de las rutas que emprenden miles de personas al huir de la guerra. Desde Siria, destruida por completo, miles de esperanzas empiezan un viaje a través de Europa, incluso por Finlandia hasta acabar olvidados, simplemente porque aquellos que pueden recordarlos también yacen muertos en algún inhóspito lugar que nadie buscará.

Idomeni, uno de los campos de refugiados más poblados de Europa, en la frontera entre Grecia y Macedonia, puede considerarse un personaje más de Los niños del éxodo. ¿Por qué este campo y no otro?

La novela arranca en el campo de refugiados más grande del mundo, frontera con Somalia, el campo de Dadaab, hervidero de mafias, violencia y personas que nunca han conseguido salir. Jan Mendez, uno de los personajes principales de «Los niños del éxodo» después de su voluntariado en África, no duda en viajar a Idomeni, donde girará una parte importante del argumento de la novela, espejo de realidad. Idomeni puede considerarse un personaje más de toda la trama, denuncia social y víctimas colaterales en una situación de difícil solución. Mientras exista una demanda de órganos, será muy complicado poder ganar la batalla a las mafias.

Firma de libros.

La novela arranca en Barcelona, en la estación de Sants con el hallazgo en un vagón de tren de los cuerpos de siete niños muertos. La teniente de la Guardia Civil, Roberta Reinols, y el médico-cirujano Jan Méndez, deberán colaborar para esclarecer el caso y descubrir a los asesinos. Ambos tienen un tormentoso pasado en común ¿Te has inspirado en personajes reales?

Cada personaje de mis novelas, incluido Jan Mendez y Roberta Reinols son vidas reales en un mundo virtual. Sienten, viven, respiran, comen, duermen e incluso satisfacen sus primeras necesidades. Poder entenderlos es contemplar en la lectura nuestras debilidades, adicciones, errores, amor y odio.  Cuántas veces hemos querido expresar un sentimiento de pasión y hemos comunicado lo contrario. Cuántas veces hemos esperado una reacción de alguien y su respuesta ha sido una decepción. Dicen que a veces donde existió amor quedan brasas y, por culpa de agentes externos, el odio impera por encima de aquello que fue, se perdió, pero jamás se olvidó. Cada persona real aporta a mis personajes riqueza de convertirse en nosotros mismos. Las historias deben contarse desde la esencia de este presente, pasado e incluso futuro, siempre real. Desde la maldad humana, como uno de mis personajes que encontraréis en «Los niños del éxodo», carente de cualquier compasión y valor humano y que solo se mueve por el interés económico, hasta el silencio de una pasión desbordada entre Jan y Roberta, incapaces de confesar sus sentimientos.

Según datos documentados, en 2015, cerca de un millón de personas llegaron a Europa huyendo del hambre, la miseria, la persecución y los conflictos bélicos, especialmente cruentos en Siria, Afganistán o Irak. La tragedia fue noticia durante un tiempo, pero ya apenas se habla de ello. ¿Se ha solucionado el problema o nos hemos olvidado? ¿Cuál crees que es el papel de la novela negra ante la magnitud de este drama?

La crisis humana y el desplazamiento de personas sigue siendo una realidad. Apenas se habla pero no quiere decir que no exista. Existe y seguirá existiendo en Siria, Afganistán o cualquier parte del mundo donde, por culpa de la guerra, familias enteras sean obligadas por necesidad suprema a dejar sus casas, pasado y recuerdos para salvar sus vidas. Con lo poco que puedan llevarse huyen de sus aldeas, ciudades, país, en busca de un nuevo hogar. La información es una herramienta de comunicación siempre controlada por alguien que mueve los hilos de nuestra sociedad. La novela negra nos sirve precisamente para mostrar aquello que es posible sea censurado en cualquier medio de prensa. Testimonio de nuestra sociedad, todo cuánto ocurre y deja sentencia entre páginas de fiel realidad, la novela negra es un registro libre y sin barreras de nuestra historia.

La desesperación convierte a los refugiados e inmigrantes en presa fácil del crimen organizado. A cambio de una importante cantidad de dinero, consiguen salir del campo de internamiento… para engrosar las filas de trabajadores en régimen de opresión extrema (los hombres) convertirse en esclavas sexuales (las mujeres) e, incluso, ser víctimas del asesinato y del pavoroso tráfico de órganos (tanto adultos como niños) ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en Los niños del éxodo?

«Los niños del éxodo» nos presenta una historia de muchas voces. Hombres, mujeres y niños en vulnerabilidad máxima que acaban en manos de desaprensivos, traficantes, proxenetas. ¿Cuánto hay de realidad? Todo lo que seamos capaces de imaginar. Por desgracia, la realidad supera la ficción. Existe el tráfico de órganos infantiles, desde Sudamérica y miles de niños desaparecidos. Existe la esclavitud sexual, la trata de mujeres, el negocio de unos cuántos a cambio de muchas vidas. Existe el tráfico de órganos también de adultos, el negocio de la guerra. Existe el mal absoluto y existen seres humanos que son peores que las más crueles hienas y que suman cifras de muchos ceros en sus cuentas bancarias. Leer la novela «Los niños del éxodo» es sacudirnos las entrañas hasta preguntarnos hacia dónde vamos, que futuro ofreceremos si el dinero tiene más valor que una vida.

Diez mil niños desaparecidos desde que empezó la crisis de los refugiados. Y estos son datos reales.  ¿Qué ha ocurrido con ellos? ¿Por qué no se les pudo proteger?

Imposible proteger a los niños mientras exista una demanda de órganos infantiles, un negocio creciente de prostitución infantil, redes de pornografía y pederastas. Imposible proteger a los más vulnerables frente a las mafias, bodas con niños y esclavos sexuales. Por desgracia, la maldad, los delincuentes y el ingenio humano para no ser detenido va siempre por delante de la justicia. Siempre existen rendijas legales que encuentran los criminales para conseguir sus propósitos, siempre existen actos inimaginables, que nos dejan perplejos y sin explicación alguna, de crímenes, asesinatos y desaparecidos. Es imposible proteger a niños que no existen, no figuran en ninguna base de datos, nadie conoce su existencia y nadie reclamará. Llegan a los campos de refugiados y salen completamente desamparados, carne de cañón de cualquier final imposible de describir.

Presentación de Los niños del éxodo.

En Los niños del éxodo, los más pequeños son, de nuevo, los más vulnerables, víctimas de un lucrativo comercio de órganos que enriquece las arcas de los traficantes de vidas humanas. ¿Crees que se trata de un “negocio” al alza en el mundo del crimen derivado de los avances tecnológicos de las últimas décadas?

Por desgracia los avances tecnológicos han sido un detonante para el negocio de tráfico infantil en cualquier forma. Desde redes de material pornográfico hasta captación de menores. No solo en niños de familias rotas y huérfanos concentrados en campos de refugiados, sino cualquier niño o adolescente puede ser dominado, amenazado e incluso obligado a desnudarse y complacer a través de según que actos. Un amigo virtual se presenta ante sus ojos como el mejor amigo del mundo y nadie puede imaginar al depredador que yace oculto detrás de una imagen casi con seguridad de la misma edad que su víctima. Satisfacer sus deseos más perversos, controlar la situación y tener a un niño bajo el yugo de sus órdenes es idóneo en un mundo virtual donde es muy difícil seguir el rastro. Si hablamos de tráfico de órganos sumamos también un crecimiento gracias a Internet.

La novela se subdivide en dos tramas: por un lado, el tortuoso viaje de los refugiados por el continente europeo custodiados por las mafias, ante la indiferencia general de la mayoría y la abierta hostilidad de una parte de la población. Por otra, la llegada a Barcelona de los niños, víctimas inocentes de tanta maldad. ¿Por qué has elegido la Ciudad Condal como destino final de esta travesía alucinante?

«Los niños del éxodo» tiene dos bloques, efectivamente. Explicar semejante viaje durante trescientas páginas y sin ofrecer al lector un balón de oxígeno sería muy difícil de digerir e incluso de llegar al final de la lectura. La vida y los sentimientos de Jan Mendez y Roberta Reinols me han permitido volcar una denuncia social, mostrar que la indiferencia no soluciona la crisis de los refugiados y sacudirnos por dentro para no quedarnos impasibles. Una travesía en un camión, cruzar toda Europa en el mayor éxodo humano de los últimos tiempos y un final escrito en el billete de la muerte. He escogido Barcelona para que seamos capaces de ver que todo puede ocurrir en cualquier lugar, incluso aquí, en Barcelona, donde es posible que debajo de nuestro mundo social, exista un mundo de tierras negras, mafias y venta de personas o partes del cuerpo. En un tiempo virtual, dentro de la novela, igual que el presente, los minutos, las horas, los kilómetros y la esperanza juegan en contra de miles de personas en contrapunto al bienestar que se disfruta en el primer mundo.

Los niños del éxodo está basada en datos y hechos reales estremecedores ¿decidiste la trama y el final de la novela antes de empezar a escribir?

Mis novelas nacen desde una imagen, una frase, un sentimiento, una sacudida interior y la necesidad de escribir. No quedarme impasible frente a una situación que me conmueve. A partir de la primera frase, la creación, hilvanar los hilos del argumento, la trama, el momento álgido del desenlace. Escribir es un viaje alucinante al descubrir vidas en un mundo virtual concentrado en páginas, entre líneas, capítulos, y aprender. Me enriquezco en cada novela que desarrollo, en cada debilidad humana, fragilidad, impulsos y cada uno de mis personajes me aporta el motor para seguir adelante en un camino muchas veces desconocido. Igual que la creación en «El anillo del nibelungo» de Richard Wagner, después de las primeras líneas, piezas de música, desde el interior nace la libertad, sin censuras, prejuicios, barreras sociales, un milagro aflora sin poder detenerme. Es la grandeza de la literatura, la música, el arte, el don que todos llevamos dentro y solo hay que encontrarlo, siempre trabajando.

La novela podría ser el inicio de una serie con dos personajes muy potentes: Jan Méndez y Roberta Reinols. ¿Volveremos a encontrarlos?

Mis personajes me ofrecen sus secretos mejor guardados, el tesoro de sus almas. Muchas veces me pregunto quién lleva el hilo conductor de la historia, a pesar de darles vida, pasado, familia, condición social y formas de comportarse. Nacen de mí, de aquello que quiero volcar y, sin embargo, una vez sientan su fuerza, entonces es cuando me pregunto muchas cosas. Me enamoro de ellos, de sus risas, sus voces, sus enfados, su lucha. Y al cerrar la historia se toman unas «merecidas vacaciones» para quizá algún día regresar de un mundo del que jamás se han ido. El «adiós» no existe y es posible que sí volvamos a encontrarlos.

II edición de Lloret Negre, el festival del género negro de la Costa Brava dirigido por Angelique Pfitzner.

Háblanos de tus próximos proyectos…

Escribir para mí es una necesidad. Entrar en otra dimensión y dejarme seducir. Ahora mismo estoy trabajando con una nueva historia forjada en la vida de una mujer, desde 1922 hasta 2018. Ambientada en España, conoceremos de primera mano y desde sus ojos, su corazón, sus manos, casi 100 años. Desde Alfonso XIII, la Segunda República, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, el Franquismo, Juan Carlos I y su hijo, Felipe VI, en el trono. La carencia de electricidad, lavabo, agua corriente… hasta llegar a sus manos un teléfono móvil, Internet. Y preguntarnos si hemos evolucionado o seguimos con la repetición de errores cometidos. Una novela negra, muy negra, del silencio como arma de supervivencia.

También estoy forjando la tercera edición del Festival Lloret Negre, único festival de la Costa Brava y la provincia de Gerona, en Lloret de Mar, capital de la cultura. Dos ediciones con un éxito total, las fechas del próximo año 2020 son 3 – 4 y 5 de abril. Cine, música, tertulias literarias, actividades culturales, gastronomía y riqueza de invitados y público han convertido Lloret Negre en un referente del género negro a nivel internacional. Abierto y completamente gratuito, en Lloret Negre nos gusta cuidar hasta el último detalle, siempre gracias al Ayuntamiento de Lloret de Mar, Cultura, Turismo, Cuerpo de la Policía, Educación y todo el apoyo de la Biblioteca, Teatro y resto departamentos volcados en apoyar, potenciar y ofrecer cultura. Cuando el Mediterráneo se viste de literatura y sus aguas se tiñen de negro, solo tiene un nombre: LLORET NEGRE. ¡Os esperamos a todos!!!

Desde Mucho Más Que Un Libro te deseamos mucha suerte.

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