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El sábado 18 de octubre Mucho Más Que Un Libro estuvo en la Ruta cultural por la Barcelona de 1912: la Vampira de la calle Ponent, organizada por la Biblioteca La Bòbila y guiada por Roger Bastida, licenciado en Historia del Arte y dinamizador cultural.

¿Cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en la historia de esta mujer conocida como la mayor secuestradora de niños, proxeneta y asesina en serie de Barcelona? Para desvelar el misterio iniciamos nuestro itinerario a las 11 h. en la calle Riera Baixa, donde Enriqueta Martí regentó una herboristería, su único negocio legal conocido. Nacida en Sant Feliu de Llobregat en 1868, Enriqueta se trasladó a la Ciudad Condal muy joven para trabajar en el servicio doméstico. Sin embargo, pronto decidió cambiar de oficio y convertirse en prostituta.

Nuestra futura «vampira» llegó a casarse con Joan Pujaló, un pintor vegetariano sin fortuna, pero la relación duró poco, quizás por la afición de Enriqueta por los hombres. Barcelona, entonces una de las capitales del cine porno, albergaba importantes bolsas de pobreza, abundaban los niños abandonados que mendigaban por las calles y se calcula que 10.000 habitantes -entre hombres, mujeres y niños-, de los 500.000 que entonces tenía la ciudad, ejercían la prostitución.

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El avance de la tecnología durante los primeros años del siglo XX abrió también «el nicho de la superstición», afirma Bastida,  y la práctica del espiritismo se convirtió en un negocio al alza. Es en este contexto donde empezó a fraguarse la leyenda negra de Enriqueta Martí. Se dice que preparaba «pociones» contra la tuberculosis con los restos de los niños a los que asesinaba y que estos «remedios» los compraba gente muy rica e influyente de la sociedad barcelonesa de la época, cuyos nombres figuraban apuntados en una libreta… negra, por supuesto, que nunca apareció.

La leyenda cuenta que Enriqueta lleva una doble vida. De día, disfrazada de mendiga, pide limosna acompañada de algún niño al que hace pasar por su hijo. De noche, se viste con ropas elegantes y marcha al Liceo o al Casino de la Rabassada en busca de clientes. Secuestra niños de la calle, huérfanos a los que nadie buscará, los rapa, los retiene en su casa, los explota y los obliga a prostituirse para, finalmente, asesinarlos para elaborar sus «pociones». Pero, ¿cuántas de estas maldades se han conseguido probar?

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Una demanda, en 1909, la acusa de incitar a la prostitución a una joven de diecisiete años. También parece fuera de toda duda que secuestra niños  y ejerce de proxeneta, aunque no se encuentra el rastro –ni vivos ni muertos- de ninguno de ellos, excepto de su última víctima, Teresita Guitart. No se puede probar que los huesos encontrados en la siniestra casa de la calle Ponent fueran restos humanos o que la acusada confeccionara ungüentos con los restos de niños asesinados y los vendiera a personajes poderosos, o que fuera responsable de todos los secuestros y asesinatos de niños en la ciudad o que existiera la famosa libreta negra…

El 10 de febrero de 1912, la «vampira» comete un error fatal: secuestrar a Teresita Guitart, una niña de ocho años, que vive en la calle Sant Vicens, 19, muy cerca de la calle Ponent, con sus padres y un hermano. No se trata, pues, de una niña abandonada. La familia denuncia su desaparición y la policía emprende la búsqueda. La prensa interviene, publica que han desaparecido más niños y arremete contra la pasividad de las Autoridades. Teresita ha sido arrastrada hasta la calle Ponent, número 29 (hoy Joaquín Costa) donde vive la secuestradora. Como es su costumbre, Enriqueta la rapa, le cambia el nombre -la llamará Felicidad– y la encierra en el piso donde ya se encuentra otra niña, Angelita, que podría ser su sobrina. Una feliz coincidencia permite a una vecina descubrir a Teresita y sospechar que se trata de la niña desaparecida.

«Aquí me llaman Felicidad«, responde Teresita a los policías que se presentan en la casa de la calle Ponent y le preguntan por su nombre. Inmediatamente, Enriqueta es detenida. Los policías se retratan con la niña rescatada y la prensa sensacionalista en pleno carga contra la «vampira» obviando los graves problemas sociales que padece Barcelona, como la existencia de un burdel ilegal infantil, tolerado por policías corruptos, la pobreza y el abandono de menores, el repugnante tráfico de niños y la desidia de las Autoridades.

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La «vampira» de Barcelona ingresa en la prisión Reina Amalia y muere poco después en circunstancias no aclaradas. Se dice que se suicidó cortándose las venas con una cuchara, que fue linchada por otras reclusas cumpliendo órdenes de alguien que no podía permitirle declarar en un juicio que nunca se celebró o, incluso, que murió de muerte natural a consecuencia de un cáncer de útero que ya padecía cuando ingresó en la cárcel.

En abril de 1912, el interés de la prensa por la vida y milagros de la «vampira» se desplazó hacía el hundimiento del Titanic que le arrebató el protagonismo y pasó a ocupar las cabeceras de los diarios sensacionalistas. La historia de Enriqueta Martí cayó en el olvido hasta que, en 2006, un reportaje publicado en [Enlace retirado]devolvió la actualidad a su leyenda.

Desde entonces, nuestra asesina en serie ha protagonizado artículos, libros, novelas, obras de teatro, películas e interesantes rutas literario-culturales como la que nos ocupa. Todo contribuye a alimentar el misterio o desvelar aspectos poco conocidos sobre Enriqueta Martí y la problemática social subyacente en la Barcelona de principios del siglo XX.

¡Una historia apasionante y aterradora que a nadie dejará indiferente!

 

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