Argentina 1

La BCNegra 2015 también se escribe a ritmo de tango. Autores argentinos de la talla de Tatiana Goransky, Ernesto Mallo y Claudia Piñeiro participaron en la mesa redonda Amb B de Buenos Aires, amb B de Barcelona, celebrada el martes 3 de febrero en el Auditori del Conservatori del Liceu. Matías Néspolo, periodista, actúo como moderador.

Se dice que “en Latinoamérica el lugar de la ley suele ser el lugar del crimen”. A Claudia Piñeiro, autora de Las viudas de los jueves (2010) y Betibú (2013), le cuesta imaginar un policía no corrupto, pues “es la institución la que está corrupta y expulsa a los miembros honrados”. Pero, ¿existe alguna manzana sana dentro del cesto?  Como mínimo, tenemos al comisario Lascano, hijo literario de Ernesto Mallo, fundador del festival Buenos Aires Negra y ganador del Premio Memorial Silverio Cañada (2007) con la novela Crimen en el Barrio del Once: El primer caso del comisario Lascano. Este policía honrado “es necesario en el cuerpo para que los otros puedan seguir haciendo sus negocios”, opina el autor.

No es un policía sino un ex trompetista quien intenta descubrir al asesino de ¿Quién mató a la cantante de jazz? (2008), de Tatiana Goransky. La autora, nacida en Buenos Aires en 1977, no quiere policías investigadores en sus novelas, ya que “el principal sospechoso para la policía es la víctima y solo un particular puede descubrir la verdad”. Sobre si podríamos citar algún rasgo característico del policial argentino, Mallo opina que ninguno, excepto, quizás, el lenguaje, porque “se escriben novelas sobre temas muy distintos” y Piñeiro subraya “la veneración por el policial al estilo de la novela negra clásica norteamericana”.

¿Y Buenos Aires? Obligatorio que diera buenos escritores de género negro dado su origen criminal. En febrero de 1536, Pedro de Mendoza, conquistador español enfermo de sífilis a la búsqueda de una planta milagrosa, fundó un pequeño puerto en el margen meridional del Río de la Plata. Poco duró este primer asentamiento pues los indios querandíes lo incendiaron y destruyeron totalmente en diciembre del mismo año y la ciudad no se refundó hasta 1580. Y también se cuentan historias de obispos que, a la vez, eran contrabandistas y de un atracador uruguayo que abrió una joyería en Montevideo porque joyas fue lo que encontró en las cajas de seguridad de un banco bonaerense.

Una vez más, la realidad supera a la ficción. “NO –sentencia Mallo-, la realidad está suspendida. Es todo ficción”.

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