Elena Torres Entrevista BlogFoto: Ana Portnoy

Nacida en Barcelona en 1958, Elena Torres Girbau estudió Magisterio e Historia Medieval en la Universidad de Barcelona. Vivió nueve años en Calafell y pasa largas temporadas en Llança (Costa Brava), aunque actualmente reside en Castelldefels (Barcelona). Lectora voraz desde su infancia, se declara especialmente interesada en el género negro. Junto a otras escritoras, en 2009 fundó el colectivo Bruixes de Tinta con el objetivo de promover la creación literaria y la lectura. En 2015 publicó su primera novela, La puta d’oros, que presentó en la última edición de la BCNegra, en la mesa redonda Temps d’esperances, temps d’il·lusió, dedicada a las primeras novelas. La puta d’oros ha sido galardonada con el Primer Premi de Novel·la Negra en Català Cubelles Noir.

¿Cuándo y porque empezaste a escribir?

Aunque suene a tópico, escribo desde siempre porqué leo desde que era una niña, incluso leía títulos poco apropiados para mi edad. Inventar historias y plasmarlas en un papel era el paso natural ante tanta lectura. Pero quieras o no la vida se encarga de poner las cosas en su sitio y estudiar, trabajar, criar hijos… era demasiado trabajo para decidirme a tomármelo como algo más que un puro entretenimiento. No fue hasta el año 2007, durante la convalecencia de una larga enfermedad, cuando decidí ir en serio. Me matriculé en unos cursos de narrativa que hacían en la Casa Barral de Calafell y empecé a escribir relatos. Tuve la suerte de ganar un concurso y esto me animó a seguir y a plantearme la escritura de una novela.

La puta d’oros sitúa la acción principal en 2008, pero la historia que narra se inicia en febrero de 1976 en Barcelona, durante la Transición, una época convulsa en la historia de nuestro país que se saldó con cientos de muertos. ¿Por qué escribir una novela negra sobre este tema?

La Transición es el periodo histórico que abarca desde la muerte de Franco a finales de 1975 hasta 1982 año en que el PSOE de Felipe González gana las elecciones. Y no es hasta ahora, pasados más de 30 años cuando podemos analizar con rigor qué fue exactamente la Transición. Es hoy cuando podemos estudiar con perspectiva los hechos que se sucedieron; las reacciones y las consecuencias de los pactos que las fuerzas políticas de la época sellaron en los despachos. Pactos que sacrificaron años de lucha, que dirimieron diferencias en el papel pero no entre las gentes que habían vivido una guerra. Aquellos años fueron los de mi juventud, años, como tú dices, muy convulsos, violentos. Éramos jóvenes extrañamente maduros, muy politizados, dispuestos a luchar por unos ideales en los que creíamos firmemente. Fue una época muy interesante y que conozco bien, así que desde el primer momento tuve claro que iba a ser el escenario histórico de La puta d’oros. Y como existía voluntad de denuncia, la novela nació negra.

La novela arranca con una brutal agresión a una joven, Jana Martí, por parte de un comando de extrema derecha, que la da por muerta. La víctima, destrozada física y psicológicamente, no se atreva a denunciar a los agresores aunque está segura de conocerlos. ¿Consideras que La puta d’oros refleja lo que ocurría en este país durante la Transición? ¿Escaparon muchos responsables a la justicia?

Sin ninguna duda. Los comandos de la extrema derecha, organizados bajo distintas siglas, estaban vinculados a partidos que acogían a elementos de clara ideología fascista, falangistas, neonazis y que no querían, por nada del mundo, perder los privilegios que les habían sido otorgados por los servicios prestados durante la dictadura franquista. Estaban decididos a acabar con la incipiente democracia, a fomentar la involución con sus únicas armas: sembrando el terror, con la violencia para silenciar las voces disidentes. Las palizas eran el pan de cada fin de semana, desgraciadamente.

El 24 de enero de 1977 un comando de ideología fascista entró en un despacho de abogados laboralistas afiliados al PCE (aún no legalizado) en el barrio de Atocha de Madrid. Por testimonios de los supervivientes de la matanza sabemos que hicieron formar a los abogados y a un auxiliar que en ese momento se encontraban en el despacho y les ejecutaron, alguno de ellos fue rematado en el suelo. Mataron a nueve personas. Los responsables fueron identificados y puestos a disposición judicial. A uno de ellos, el juez le concedió un permiso de fin de semana antes del juicio: desapareció y no volvió a saberse de él. Los otros, pese a ser condenados a larguísimas penas, no estuvieron en la cárcel más de 15 años. Encarcelaron a la mano ejecutora pero los ideólogos del crimen nunca fueron llevados ante la justicia.

Hoy en día, sus cachorros siguen ocupando lugares de responsabilidad.

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Mezcla de drama histórico y novela muy negra, podríamos decir que La puta d’oros recupera la memoria histórica de unos años convulsos enmascarados por una apariencia de transición modélica de un régimen dictatorial a uno democrático. ¿Crees que se ha proporcionado a las nuevas generaciones un retrato fidedigno de esa época de nuestra historia reciente?

En absoluto. La historia reciente sólo se estudia en el 2º curso de Bachillerato, si no estoy mal informada, y como en un curso debe glosarse desde la prehistoria hasta nuestros días es imposible, materialmente hablando, tratarla aunque sea bajo mínimos. Las jóvenes generaciones saben muy poco de su pasado más inmediato, lo que es tristemente preocupante. Es fundamental hablar a nuestros jóvenes de dónde venimos, cuáles son nuestras raíces. Que entiendan que cuando hablamos de la Guerra Civil o de la Postguerra o la Transición no estamos contando batallitas. Que la historia, a veces se repite. Y que este país no siempre ha sido como ellos lo conocen.  No hace tanto, hablar con libertad estaba penado con la cárcel. Y si nos remontamos un poco más lejos, el drama que hoy viven los refugiados en su terrible magnitud lo vivieron nuestros abuelos.      

La protagonista principal, Jana Martí, atenazada por el miedo, marcha al extranjero para rehacer su vida y no vuelve a Barcelona hasta 2008, pero el pasado no ha muerto y sale a su encuentro. ¿Qué pretende Jana al volver al lugar donde vivió su peor pesadilla? ¿Es posible enterrar el pasado y rehacer la propia vida cuando está deshecha?

Jana sufrió la agresión en febrero de 1976, cuando tenía 21 años. En aquella época se desconocía lo que hoy conocemos por shock post-traumático. Actualmente, las víctimas o los familiares de las víctimas de experiencias altamente traumáticas tienen acceso al acompañamiento de profesionales que les ayudan a sobrellevar y a canalizar el dolor, la rabia, la frustración, es decir todos aquellos sentimientos que se derivan de lo sucedido.

Pero en aquel tiempo era muy distinto: estabas curado cuando podías andar con normalidad o habían desaparecido las heridas evidentes. No olvidemos que las secuelas físicas pueden sanar, las psicológicas suelen quedar almacenadas y  las pesadillas, los terrores acaban destrozándote la vida.

Cuando Jana regresa con la intención de instalarse definitivamente y vivir la vida que dejó a medias, ya es una mujer madura que cree tener bien controlados sus fantasmas, sus miedos. Como suele decirse no hay peor ciego que el que no quiere ver. Así que cuando se da cuenta que no tiene nada bajo control, tendrá que tomar las decisiones que ha ido aparcando media vida.

Quiero creer que somos supervivientes por naturaleza y nunca debería ser tarde para intentar enterrar el pasado y atreverse a vivir. Pero esto es teoría pura, nadie sabe lo que sufren las víctimas, cómo de solas se sienten, cuan incomprendidas. Cuando me documentaba para la novela hablé con distintas personas y cada una afrontaba su tragedia de manera distinta. Algunos necesitaban reunirse, verse con gente que había sufrido lo mismo que ellos porque eran los únicos que podían entender su padecimiento, entre ellos encontraban consuelo. Otros no querían ni oír a hablar de asociaciones. Muchos habían aislado su dolor, era una parcela íntima que no solían visitar. En cambio otros necesitaban hablar continuamente de ello.

Aunque no podemos generalizar, estoy convencida que la superación de estos traumas sólo podrá ser posible con la ayuda de profesionales y apoyada por las personas que te quieren. A veces, por desgracia, puedes poner tantos medios como quieras pero si tu entorno no es el adecuado, si no tienes medios para ser tratada con garantías, la superación es imposible. 

La puta d’oros es, también, una novela de dualidades: pasado frente a presente (1976 versus 2008); la justicia que dictan las leyes –no siempre suficiente- y la que está fuera de la ley; y la dualidad de todos y cada uno de los personajes: resolución y esperanza contra miedo y parálisis, víctimas que se convierten en verdugos… ¿Por qué estas dualidades?

A partir de la agresión los personajes se van desarrollando y mostrando en un universo desprovisto de valores absolutos. Nada es blanco o negro. La vida está llena de matices y lo que hoy es inaceptable, mañana puede ser, si no admitido, al menos considerado. No creo en los buenos por excelencia ni en los malos de solemnidad. A menudo no vivimos la vida que queremos, es la vida que nos ha llevado hacia un camino bien distinto al que teníamos planteado. Otras, a pesar de todo, somos capaces de forjar nuestro destino.

Estructurar la novela a través de estas dualidades era una manera de mostrar precisamente la relatividad de casi todo.

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Elena Torres Girbau con Anna Maria Villalonga en la presentación barcelonesa de La puta d’oros

Barcelona, “ciudad oscura y aterradora” para Jana Martí, y Calafell y Llança, vistos  como locus amoenus o lugares ámenos y agradables, ocupan una parte fundamental en la historia. ¿Puedes explicarnos qué representa cada uno de estos lugares en La puta d’oros? ¿Los conoces bien?

Barcelona fue el escenario de su tragedia y nuestra protagonista pronto se dará cuenta que no puede permanecer en la misma ciudad donde viven aquellos a quien ella cree responsables de lo sucedido. Llançà es el pueblo donde pasó los veranos de su infancia y juventud, el hogar de sus abuelos y allí, rodeada de todo lo que da sentido a su vida, se cree a salvo de cualquier mal. Curiosamente en Llançà se relacionó con el que considera su agresor, pero por alguna razón los recuerdos felices de su infancia han sido capaces de preservarla de su tragedia. En Calafell vive Zoë, su abuela, y es donde, con los años, Jana ha hecho buenos amigos.

Para Jana Barcelona es el pasado. Calafell representa la parte de un presente circunstancial y perecedero, pues tiene claro que el día que falte su abuela, nada la atará a Calafell. En cambio Llançà representa el presente que desea y que no es otro que sentirse en paz. En este pueblo de l’Alt Empordà Jana tiene sus raíces, que en definitiva son las que la mantienen atada a la tierra. Es y será el único sitio donde podrá desarrollar su futuro.

En este sentido me siento muy cercana a la protagonista. El sentimiento de arraigo a la tierra, no hablo ni de banderas ni de ideologías, para mi es fundamental. Es posible que nazcas y crezcas en un lugar y con los años sientas que ese no es tu sitio. Nací en Barcelona, allí vive gran parte de mi familia, pero hace años supe que no era en la ciudad donde quería vivir ni donde quería que crecieran mis hijos. En Llançà pasé mi infancia y juventud y es allí donde vuelvo a buscar la paz que necesito cada vez más a menudo. Y en Calafell viví 9 años y todavía tengo mi casa aunque no vivo en ella. Digamos que he sido un espíritu aventurero para desconsuelo de mi familia que estaba harta de tanta mudanza. No creo que volviera a vivir en Barcelona, con los años aprendes a apreciar el silencio, la tranquilidad, aunque en verano hay que huir de los pueblos de costa.

¿Cuál era tu intención al escribir esta primera novela? ¿Contenta con el resultado?

Hubo dos premisas que fueron básicas: quería que la novela diera voz a la víctima y que los hechos fundamentales sucedieran durante la Transición.

He leído mucha novela negra y pensaba que la víctima era, en muchos casos, “esa gran desconocida”. Lo que sabemos de ella es por terceros.

Yo quería que fuera la víctima que, por suerte o por desgracia, ha sobrevivido a una brutal agresión quien nos acompañara a lo largo de toda la novela y que a través de su testimonio conociéramos los hechos, sus sentimientos, sus dudas, sus miedos y poco a poco nos ayudara a desentrañar la madeja que enreda su vida.

La puta d’oros ha resultado una gran experiencia que aún dura. Me lo pasé genial mientras la escribía y ahora disfruto de las presentaciones, de los comentarios de los lectores, del contacto con la gente, con otros escritores. Hay que vivirlo y hacerlo a tope.

Vista general present. llib. Alibri

Presentación de La puta d’oros en la librería Alibri, de Barcelona

Cada autor tiene su particular método de creación. Algunos no empiezan a escribir hasta que lo tienen todo pensado; otros encaminan la historia para llegar a un determinado final; otros, en fin, inician un relato sin saber dónde les llevará… ¿Cuál es el método de Elena Torres?

Siento que a lo mejor suene a poco creíble, pero mi método es no tener método. Con La puta d’oros no hubo ni tan sólo escaleta, hubo mucha reflexión pero no hice ni un triste cuadro sinóptico. Tenía un personaje que quedó en un cajón después de eliminarlo de un relato que debía ser más corto de lo que había previsto y pensaba que tenía mucha fuerza como para olvidarme de él: Zoë Tur. Y un nombre: Jana. A partir de ahí, teniendo más o menos claro lo que deseaba contar, empecé una aventura que duró casi cuatro años. Una vez metida en faena, he contactado con criminólogos, abogados, psiquiatras y personas que han vivido tragedias de diversa índole y que accedieron a contarme sus experiencias, pero en este estadio la historia ya estaba hilvanada.

En cambio, la novela que escribo en la actualidad ha merecido mucha búsqueda documental y una escaleta estructurada minuciosamente antes de escribir la primera línea. Aunque suene a tópico, el autor propone pero los personajes, en muchos casos, salen por peteneras, así que hay que tomárselo con filosofía y ver si dejas o no que sean ellos quienes modifiquen el curso de los acontecimientos. En La puta d’oros he tenido que acallar voces de personajes que han salido contestones y que no querían ser asesinados, exigían más papel. Aquí tuve que cuadrarme y cargármelos sin piedad.

Algunos consejos para un autor novel…

Más que consejos puedo hablarles desde mi experiencia como autora novel. Escribir es un acto íntimo, solitario, que merece una dedicación casi obsesiva, mucha perseverancia y sacrificio. Hay que tener presente que la escritura de una novela dura años, con lo que ha de ser un proyecto lo suficientemente atractivo para que conviva contigo a diario durante todos los meses de escritura y corrección sin problemas. Escribir es oficio. Evidentemente que ha de haber predisposición, pero uno aprende a base de escribir y escribir. Cuando tienes el convencimiento absoluto que quieres hacerlo, debería imponerse una rutina: escribir a diario aunque sea dos líneas. Había días que me sentaba delante del ordenador y pronto sabía que no saldría nada con cara y ojos. Da igual, hay que escribir y al día siguiente releer y corregir. Hasta que llegas a un punto de no retorno y es cuando te das cuenta que los personajes forman parte de tu vida que, cuando tienes un momento, tu cabeza se marcha sin remedio a su mundo. A mí me ha costado mucho despedirme de ellos.

Y sobre todo, creer en lo que haces, fiarte de tu instinto y no cejar en el empeño.

Cinco recomendaciones de lecturas negras…

El tren de las 4,50 de Agatha Christie por ser la primera novela que leí de esta autora cuando yo era muy muy joven y que me enganchó para siempre a la novela enigma.

Mortaja para un ruiseñor de P.D.James. Doy este título pero me quedaría con todas las obras de esta escritora. Me siento mucho más cercana en gustos a la escuela inglesa que a cualquier otra.

Extraños en un tren de Patricia Highsmith. Una autora que refleja como nadie la complejidad del ser humano. Recomiendo su obra en su totalidad.

1280 almas de Jim Thompson. Un autor imprescindible, con un estilo muy particular y que no deja indiferente a nadie.

Y, si me lo permites, con la quinta no me mojo. Te diría que cualquier lector debería mirar la lista larguísima que tenemos de autores en lengua catalana y castellana que escriben buenísima novela negra y atreverse con ella. Soy de la opinión que no se mata igual en Malmö (Suecia) que en Sevilla o en Barcelona. Cada autor crea un mundo propio que hay que investigar, y ésta es una tarea impagable. Con un libro cerca nadie se aburre y por supuesto te sientes infinitamente más acompañado. La lectura es un placer.

 Por último, háblanos de tus proyectos de futuro…

Estoy escribiendo una nueva novela también negra, que marcha a buen ritmo, aunque no escribo tanto como quisiera.

Por otra parte, sigo con la promoción de La puta d’oros, este mes presento en l’Espluga del Francolí el día 8 de abril, el 12 en l’Obrador d’Històries y per Sant Jordi estaré firmando ejemplares en varias paradas que ya detallaré en mi página de Facebook La puta d’oros.

El 29 de abril presento libro en la Bòbila de l’Hospitalet del Llobregat y el mismo día seré la moderadora de una mesa en la que hablaremos sobre la evolución de la mujer dentro de la novela negra, con autoras tan prestigiosas como Anna Maria Villalonga, Susana Hernández y Montse Sanjuan y donde contaremos con la presencia de Cristina Manresa, la única comisaria que hay en los Mossos.

Y en Mayo más.

Como ves, proyectos no me faltan y en ello estoy, disfrutando de este momento que me ha regalado la vida.

Desde Mucho Más Que Un Libro te deseamos mucha suerte.

 

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