Àlex Broch, Margarida Aritzeta, Maria Antonia Oliver, Rafael Vallbona y Àlex Martín Escribà, poco antes de empezar la mesa redonda “Jaume Fuster. Una vida de perdiguer”.

“Se lo debemos todo. Trabajó incansablemente en pro de la profesionalización del oficio de escribir, fue uno de los fundadores de l’Associació d’Escriptors en Llengua Catalana y defendió que el escritor se ha de ganar la vida escribiendo”, opinó Rafael Vallbona, Premi BBVA Sant Joan 2017 con La casa de la frontera. A los veinte años de su muerte, la BCNegra 2018 recordó la vida y la obra de Jaume Fuster, uno de los creadores de la novela negra catalana, en la biblioteca que lleva su nombre en Barcelona.

La mesa redonda Jaume Fuster. Una vida de perdiguer reunió a los escritores Maria Antònia Oliver (esposa de Jaume Fuster), Margarida Aritzeta y Rafael Vallbona, y a Àlex Broch, que dirigió la colección “La Negra” de La Magrana, junto a un moderador de lujo: Àlex Martín Escribà, autor del ensayo Jaume Fuster, gènere negre sense límits.

Mesa redonda “Jaume Fuster. Una vida de perdiguer” en la biblioteca Jaume Fuster, de Barcelona.

“No se trata solamente de un barbudo, sino de un escritor con toda la barba”, había escrito Manuel de Pedrolo, Premi d’Honor de les Lletres Catalanes en 1979, escritor comprometido y director de la mítica colección de novela negra y policíaca, La Cua de Palla. “Jaume Fuster representó el inicio de la modernidad de la novela negra catalana y su De mica en mica s’omple la pica (1972) –con un protagonista, Enric Vidal, de pocos escrúpulos-  demostró al lector joven de aquellos años que la novela negra escrita en catalán nada tenía que envidiar a la norteamericana o francesa”, opinó Martín Escribà.

Tarda sessió continua, 3.45, una de sus primeras obras, es una de las favoritas de Margarida Aritzeta porque “entronca la literatura con la cultura popular”. El mundo del cómic, el cine de barriada y personajes del cine negro norteamericano, como Humphrey Bogart y Lauren Bacall aparecen en esta novela entrañable”, explicó. Y Maria Antonia Oliver nos contó cómo fueron sus primeros pinitos en la novela negra y policíaca empujada por su marido, Jaume Fuster. “No me interesaba la novela negra y Jaume me conminó a leer a Dashiell Hammett bajo amenaza de divorcio. Pensé que un divorcio por Hammett no valía la pena y lo leí. Me entusiasmó”.

Jaume Fuster, Maria Antonia Oliver y Margarida Aritzeta formaron parte del colectivo literario Ofèlia Dracs, muy importante en la literatura catalana de los años setenta y ochenta. En 1983 publicaron Negra i consentida, una antología de diez relatos dedicada al género negro. “Así nació la detective feminista Lònia Guiu de la pluma de Maria Antonia Oliver, que protagonizaría tres novelas: Estudi en lila, Antípodes, i El sol que fa l’ànec”, explicó la autora.

Àlex Broch, crítico y analista literario, dirigió la colección “La Negra” de La Magrana a finales de los años ochenta, antes que Jaume Fuster. “Nos dimos cuenta que faltaba una colección de novela negra en catalán que englobara la literatura europea y representara para ésta lo mismo que La Cua de Palla para la novela negra norteamericana”, apuntó.

Jaume Fuster murió el 31 de enero de 1998, poco después de serle diagnosticado un cáncer de pulmón, pero su muerte temprana no impide que la literatura catalana se lo deba todo. Su obra y su reivindicación de la novela negra como novela social y de crítica política merece ser rescatada de un olvido tan injusto como imperdonable.

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