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En marzo, Valencia arde y el detective Mejías vuelve con su ayudante, la joven universitaria Berta Valero, para investigar un nuevo y enrevesado caso que lo pondrá “contra las cuerdas”. Tras el éxito de La ciudad de la memoria, su autor, Santiago Álvarez, da un paso más y presenta la segunda aventura de la original y carismática pareja en El jardín de Cartón. Fue el miércoles 23 de noviembre en la librería Documenta, de Barcelona.

Acompañado por Xavier Borrell, escritor y comisario del Festival Cubelles Noir, Santiago Álvarez nos habló de las dificultades a las que se enfrentarán Mejías y Berta en esta nueva aventura. “Mejías se considera a sí mismo como Humphrey Bogart en El sueño eterno y otras películas del cine negro americano, un detective incorruptible, un tipo legal… pero en El jardín de Cartón se encontrará con serias dificultades para seguir siendo lo que cree que es”, explicó el autor. Del mismo modo, Berta, gordita y poco atractiva, “se verá enfrentada a cómo se relaciona con ella misma y con su propio cuerpo”.

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Y todo esto… ¿por qué? “Me gustan los personajes que evolucionan –continuó Álvarez– no como Sherlock Holmes. Mejías y Berta lo harán en esta serie de novelas, que será de tres o cuatro títulos, algo que todavía no he decidido”.  El jardín de Cartón arranca en Fallas, fiestas oriundas de la ciudad de Valencia, que en el siglo XIX ejercían una función importante de crítica popular “actualmente domesticada a base de premios y de convertirlas en atracción turística”.  Tras la primera mascletá, los dos investigadores son citados por un empresario valenciano que les propone encontrar los restos del único whisky producido en tierras valencianas, hace ya doscientos años. La acción, situada en 2013, conecta con un pasado turbio que llevará al lector hasta Navajas, un pequeño pueblo de la provincia de Castellón, donde los burgueses valencianos construían sus palacios de veraneo durante las primeras décadas del siglo XX.

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El papel de la mujer burguesa cien años atrás (poco importante y subordinado al hombre), los graves problemas del mundo actual y una cierta crítica social, las películas de Humphrey Bogart (como el detective Philip Marlowe) a las que es adicto Mejías, la interrelación entre el pasado y el presente, el cine y la música, se entremezclan en El jardín de Cartón, una novela de intriga muy amena y cinematográfica. Y, como colofón, Santiago Álvarez nos transportó a los años setenta interpretando a la guitarra Celluloid héroes, del grupo de rock The Kinks, una canción que rinde homenaje a los héroes del celuloide “que nunca sienten dolor y que nunca mueren de verdad”.

“Más que hacer novela negra, yo digo que hago un cuento de hadas noir –confesó el autor- no hago la ficción típica negra porque quiero hacer otra cosa”.

Y lo consigue, sin ninguna duda. ¡Larga vida a Mejías y Berta, aunque ellos, al contrario de los héroes del celuloide, sí sientan dolor!

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